jueves, 6 de junio de 2013

Capítulo 45. Ahora toca decir "Adiós".

Había corrido demasiado, aunque parecía que Kevin nunca se cansaba. Estaba en muy buena forma, y yo no entendía por qué. Nunca lo había visto salir a hacer ejercicio, y en su casa tampoco tenían una sala destinada a ello.

Al fin llegamos al parque, yo jadeando, él tan fresco como una lechuga y Silvia riendo de forma exagerada. Se lo estaba pasando en grande, o esa era la sensación que yo tenía al respecto.

Kevin me soltó la mano y bajó a Silvia de sus hombros. Después divisó con la mirada los alrededores. Estábamos solos. No había ni rastro de marujas, niños jugando, ni siquiera los típicos ancianos que se reunían para jugar a la petanca por las tardes. Era muy extraño, pero pronto comprendimos lo que estaba pasando. Silvia era la causante de que todo el pueblo estuviese desierto. Ella conseguía que nadie tuviese ganas de salir de casa. No le gustaba la presencia de otras personas, sobre todo si no las conocía. Kevin y yo éramos la excepción.

De repente, Silvia me sacó de mi ensimismamiento.

-¡El que llegue el último a los columpios tiene el culo de un mandril! -Gritó, y, sin esperar a ver nuestra reacción, salió corriendo.

Por supuesto, ella llegó la primera. Kevin, que era muy rápido, llegó el segundo. Y yo... Bueno, yo tengo el culo de un mandril.

Cuando llegué a los columpios, me esperaban los dos desternillándose de la risa. Yo, al verlos, me contagié y comencé a reír como una loca también. No sabíamos cómo podíamos ser tan felices con tan pocos estímulos. Pero claro, debo tener en cuenta que el secreto de la felicidad es estar orgulloso con lo que uno tiene, y no lamentarse por las cosas de las que carecemos.

Cuando por fin paramos de reír tanto, Silvia y yo montamos en los columpios y Kevin nos empujó a las dos hasta que cogimos suficiente altura. Después se apartó y nos observó un poco alejado, junto al tobogán.

Entonces, justo en ese momento, Silvia me preguntó si estaba preparada para saltar. Yo le respondí que sí, a lo que Kevin se ofreció para apuntar nuestras marcas en la arena. Competiríamos por ver quién llegaba más lejos saltando desde el columpio.

Yo era mucho más alta que Silvia, y claro, tenía las piernas más alargadas. Pensé que quizás sería una competición un poco cruel, puesto que estábamos en diferentes posiciones por motivos obvios; naturaleza y crecimiento evolutivo.

Sin embargo, cuando Kevin inició la cuenta atrás y, al escuchar "Ya", mi cuerpo se alzó en el aire paralelo al de Silvia, resultó bastante confuso comprender cómo había podido ganarme una niña de cuatro años. No sólo llegó mucho más lejos, sino que cayó de pie, sin necesidad de agacharse y apoyar las manos. Yo, por el contrario, caí de bruces en el suelo, provocando un gran estruendo; toda la arena salió despedida por los aires, y el ambiente se llenó de polvo.

Kevin, al verlo, vino corriendo a ver si estaba bien, y Silvia retrocedió, asustada. Me levanté del suelo con ayuda de los dos, aún conmocionada. 

-Parece que ya no estoy en tan buena forma... -Resoplé.

Al ver que estaba bien, Kevin y Silvia empezaron a reír y yo los acompañé.

Seguimos jugando con Silvia hasta que cayó la noche. Antes de que se pusiese el sol, Kevin se acercó a mí y me dijo al oído...

-Priss, tengo algo que decirte. Vamos a sentarnos en el césped. 

Yo asentí y lo seguí, cogida de su mano, hasta la hierba. Silvia, mientras, no paraba de reír, jugar, saltar, correr y, en definitiva, divertirse como no lo había hecho nunca.

-Y bien, ¿qué es lo que me tenías que decir, Kevin? -Pregunté, con bastante intriga. Temía que fuese algo malo, pero sabía que cuando él sonreía tanto, no podía tratarse de nada que me atemorizara tras escucharlo.

-Resulta que me he dado cuenta de lo importante que es tener amigos cuando se es pequeño, y creo que, aunque somos mucho más mayores que ella, Silvia es una niña que nos necesita. Tenemos que pensar cómo la esconderemos, qué haremos con ella, y lo más importante, cómo la vamos a educar, puesto que aún somos sólo unos adolescentes. 

-Tienes razón... Es todo muy complicado. Es como ser padres pero mucho antes de lo que habíamos esperado.

Kevin me dedicó una amplia sonrisa, y después, me susurró al oído...

-Ya lo pensaremos tranquilamente. Tenemos todo el tiempo del mundo para ser padres, pero ahora nos toca disfrutar de nosotros...

Entonces descendió desde mi oreja hasta mi cuello, proporcionándome pequeños besitos en él. Después, me dio un pequeño lametón que hizo que se me erizase el bello.

Comenzó a besarme, al principio suave pero después muy intensamente, mientas me acariciaba el pelo despacio. 

Cuando nos separamos de nuestro corto pero intenso beso, apoyé mi cabeza en su pecho y lo abracé con fuerza. No llevábamos mucho tiempo juntos, pero sentía que sin él mi vida no tenía sentido. Sin él nada sería lo que siempre necesité para ser feliz...

Mis ojos comenzaron a cerrarse. Al principio intenté impedirles a mis párpados que bajasen y proporcionasen una oscuridad impenetrable a mis pupilas, pero muy pronto fui incapaz de resistir y caí en un profundo y dulce sueño entre los brazos de Kevin.

-Silvia... Silvia... Silvia... -Se escuchaba, cada vez más bajo, perdiéndose mis palabras entre las repeticiones cada vez menos exactas que hacía el eco en aquel lugar.

Silvia había desaparecido. En realidad, nada de todo lo que había acontecido forma parte del mundo real, sino del mundo de los sueños. Desperté en mi cama, empapada en sudor, con la frente ardiendo y los mofletes colorados. Me miré en el espejo y comprobé que la fiebre no se me había pasado. Todo aquello lo había soñado. Ahora lo sabía. Era demasiado extraño como para ser real. Y sobre todo, era demasiado irreal y extraordinario como para haberme pasado a mí.

A pesar de todo, decidí escribir una carta para recordar siempre aquel sueño tan maravilloso que había tenido. Silvia era la hija que nunca había tenido, o quizás por proximidad de edad, una hermana que aunque fuese producto de mi imaginación no deseaba haber perdido. 

<< Silvia, ahora que sé que eres tan sólo un fantasma de mis sueños, te voy a echar mucho de menos. La fiebre quizás produzca mundos imaginarios, llenos de fantasía, donde la realidad y la ficción se mezclan para formar un mundo ideal, que todos soñaríamos con explorar.

Silvia, te ruego que allá donde vayas seas feliz. Que la imaginación de miles de personas puedan darte la vida que yo en mi sueño un día te di. Que siempre me recuerdes como yo te recordaré a ti. Que te diviertas siento siempre la niña más dulce del mundo, siento a todas horas tú, riendo como sólo tú sabes hacer...

Te extrañaré, mi bonita y tierna "Eterna Infancia"... 

Prisscilla. >>.

Cerré el pequeño cuaderno de anotaciones, que era para mí como un diario, y volví a meterme en la cama, a la espera de una mejoría para mi estado de salud.

Mi madre no tardó en aparecer por la puerta, cuando hacía nada más y nada menos que cinco minutos que me había arropado con la manta y me había acomodado dos almohadas para que mis cervicales no sufrieran.

-Cariño, ¿cómo te encuentras hoy?

-Un poco mejor, mamá. Muchas gracias por preocuparte.

-¿Necesitas algo? ¿Quieres que te suba una infusión, un zumo de naranja, quizás un colacao...?

-No, gracias, mamá. Estoy bien, de verdad.

-Está bien, mi niña. Pero llámame si necesitas cualquier cosa. 

Salió por la puerta tras lanzarme un beso con la mano. Era muy atenta conmigo. No podía quejarme de tener una madre tan buena y tan cariñosa. Lo era siempre, menos cuando se enfadaba.

Pasé mucho tiempo reflexionado sobre cómo me había puesto enferma, intentando recordar cómo pudo ocurrir, pues estábamos en verano aún, aunque a finales, y no podía creer que me hubiese puesto enferma justo los últimos días de vacaciones. Las clases comenzaban el lunes, y ya estábamos a miércoles.

Hacía mucho tiempo que no veía a Kevin. En concreto, dos días. No tenía forma de decirle que me había puesto enferma, y que por eso no tenía noticias sobre mí.

Estaba preocupada por si se había enfadado conmigo, pero esperaba que no, que estuviese bien y que pronto, cuando yo estuviese recuperada, pudiésemos volver a salir juntos de excursión, divertirnos y, sobre todo, apoyarnos cuando empezásemos las clases. Al ser nueva, tenía bastante inquietud. Lo necesitaba a mi lado más que nunca.

Un pitido me sobresaltó y me sacó de mis pensamientos, en los que me encontraba tan absorta. Era mi móvil. Tenía un mensaje. ¿De quién sería?

3 comentarios:

  1. si si si ,por fin ¡¡ jaja cuanto tiempo ¡jaja
    un sueño?¡¡ era un sueño todo ¡¡ jajaja
    puff la verdad es que lo de silvia era un poco raro.
    uyyy ya se acerca el instituto , que pasara? seguro que se mete alguien en medio ,ojala no jaj odio los 3º en discordia ¡ y esa llamada de quien seria ? espero que sea de Kelvin¡¡ jaja
    siguiente pronto¡¡ ajja

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  2. ¡Hola! Tienes un premio en http://caidodelcielou.blogspot.com.es/ Un beso ^^

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  3. ¡Hola! Tienes otro premio en mi blog http://caidodelcielou.blogspot.com.es/ Besitos <3

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